7 de febrero de 2011

Niños que son hipersensibles

El trastorno de la integración sensorial afecta el aprendizaje y por eso, en muchos casos, los niños que lo padecen se identifican en la época escolar, cuando se hace evidente que no prestan atención o no comprenden como el resto lo que se les pretende enseñar. No obstante, pocos padres conocen que este trastorno existe y cómo puede manejarse para que el pequeño que lo padece desarrolle sus potencialidades.

En Estados Unidos se considera que entre un 5% y un 15% de los niños tienen este desorden. Se sabe que las personas con algún trastorno del espectro autista tienen dificultades en la integración sensorial.

Yolanda Pando, directora del Centro Fonoaudiológico Integral, explica que los niños que llegan a la etapa escolar con este trastorno tienen problemas para trabajar de forma independiente, para realizar actividades como dibujar, recortar e imitar líneas; demuestran dificultad de atención y suelen considerarse lentos, distraídos o hiperactivos.

Lo anterior no significa que todos los niños distraídos o muy activos tienen un trastorno de la integración sensorial, pero cuando esta característica impide su desarrollo normal, entonces debería consultarse para descartar que se trate de este desorden de origen cerebral.

Las personas con el trastorno de integración sensorial no tienen la capacidad natural de utilizar toda la información que adquieren por medio de sus sentidos, procesarla en el cerebro y utilizarla para funcionar. La licenciada Pando detalla que normalmente no empleamos solo un sentido para realizar una tarea, sino que reunimos los datos que todos o varios de nuestros sentidos nos proporcionan.

Por ejemplo, dice, para subir una grada no solo usamos los ojos, también requerimos obtener más información para calcular el tamaño del escalón y dar el paso sin caernos.

Lo que ocurre con el trastorno de integración sensorial es que la persona no es capaz de organizar la información que recibe y eso le dificulta todo. En algunos casos, tal trastorno se manifiesta con una hipersensibilidad a los estímulos. Puede pasar entonces que un niño sea demasiado sensible a los sonidos y reaccione de forma exagerada ante un ruido que para los demás pasa desapercibido o es normal. Esto lo hace permanecer a la defensiva, apartado de su entorno porque los sonidos le dan miedo, le parecen peligrosos. O al contrario, un niño podría más bien no percibir los sonidos y no aprender por eso.

Otros niños pueden ser más sensibles de lo normal a los colores, a las luces o al roce de la ropa, mientras hay unos que son hiposensibles; es decir, perciben en menor medida los estímulos mencionados, según explica Pando. En esta última situación, en la búsqueda de descubrir el mundo que les rodea, pueden tener conductas inusuales, como moverse mucho o rozar las paredes.

Es importante que se investigue a detalle la condición de un pequeño que muestra problemas de aprendizaje y conductas inusuales. Muchos padres, sobre todo cuando se trata del primer hijo, no pueden diferenciar entre el desarrollo esperado y el irregular, así que no suelen consultar, sino hasta que la profesora les aconseja hacerlo.

Pando asegura que para estar seguros de cuál es la condición del niño se requieren diversos estudios, pero que con las terapias que existen ahora se logran buenos resultados.

Herencia

El trastorno de la integración sensorial tiene un componente genético; es decir, viene heredado. No se conocen otros factores que pudieran provocarlo, aunque algunos niños podrían tenerlo por falta de estimulación sensorial desde el embarazo y en sus primeras etapas de vida.

Alertas

Algunos signos del trastorno de integración sensorial en la etapa escolar pueden ser: el niño es desorganizado, tiene dificultad para concentrarse, posee problemas con el equilibrio, siempre se le caen las cosas o tiende a caerse; el niño se muestra con miedo ante ciertos sonidos, luces o colores.

Especialista

La disfunción de la integración sensorial: la puede diagnosticar una persona especializada en trastornos del aprendizaje con especialidad en este tema, también neurólogos y audiólogos.

Algunos niños con este trastorno pueden confundirse como hiperactivos o que padecen déficit de atención. Para la integración sensorial no ayudan los medicamentos contra la hiperactividad, así que en caso de confundir ambas condiciones, el niño no tendría avances con los fármacos.


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